¿Se
puede dar la vuelta al mundo sin salir de Lavapiés? No, pero casi. Eso es,
al menos, lo que Helena Taberna descubrió mientras se documentaba para su
proyecto La Flor de la Canela, un largometraje que tiene como escenario
principal un barrio madrileño tan castizo y legendario en la memoria colectiva,
como multirracial y dinámico en este aquí y ahora del tercer milenio.
Un descubrimiento que está en el origen y en el espíritu de Extranjeras,
un largometraje documental que nos hace mirar a través de los ojos de aquéllos
que han abandonado sus países de nacimiento para recalar en el centro de una
desconocida y lejana metrópolis, buscando mejorar sus condiciones de vida.
Un punto de vista con una particularidad añadida: todos los testimonios, como
pone de manifiesto el título, tienen voz de mujer.
Asiáticas, hispanoamericanas, africanas, europeas... Mujeres inmigrantes que
cuentan ante la cámara el día a día de sus vidas lejos de sus raíces. Unas
vidas en las que aparecen otras fronteras: el desarraigo, la fuerza necesaria
para emigrar a otro país, lo que se gana y lo mucho que se pierde en ese trayecto.
Unas vidas, al cabo, que convierten Extranjeras en el retrato coral
de uno de los fenómenos sociológicos más actuales: la inmigración.
Pero este documental no busca diseccionar el hecho de la inmigración, ni presentar
un informe estadístico. Lo que Extranjeras ofrece de forma objetiva,
aunque también cómplice y solidaria, es una de las facetas de una realidad
tan terca como poliédrica. Pero sin victimismos ni prejuicios, permitiéndonos
valorar la riqueza que estas mujeres aportan a un bien tan necesario como
devaluado en estos tiempos grises: la convivencia.
Víctor Prieto